La trilogía del siglo

Yo también he leído este año que acaba la Trilogía. Con un entusiasmo voraz me he metido entre pecho y espalda más de 1.700 páginas… y he digerido su sabiduría dulcemente. Puedo decir ahora que conozco mucho mejor la sociedad de la que formo parte, que soy más consciente de la herencia del siglo que dejé atrás y que estoy mejor preparado para desactivar las trampas que se camuflan detrás de los mecanismos institucionales de la memoria.

¿Stieg Larsson? No, Tony Judt. ¿Milenium uno, dos y tres? No, Postguerra, El olvidado siglo XX y Pasado imperfecto. ¡Cómo conformarse con ficciones cuando se tiene al alcance ese cada vez más raro espécimen de ensayo ameno, perspicaz y maravillosamente escrito! Tony Judt es un historiador que cocina como pocos hoy la receta tan inconfundiblemente anglosajona del rigor intelectual y la prosa limpia y admirable. La frecuente -y no tan desencaminada crítica- que alega que la historia contemporánea es poco más que periodismo con notas a pie de página, es una injusticia aplicada a tipos brillantes como Michael Burleigh, Mark Mazower o el propio Judt.

Advierto: no quiero hacer de estas breves líneas una reseña sesuda (tiempo habrá en su momento para ello) sino ¿simplemente? incitar a la lectura de una historia contemporánea que pone en duda visiones reduccionistas, complacientes o intelectualmente misérrimas de nuestro pasado reciente. Todos y cada uno de los libros de Judt son intentos brillantísimos de reflexionar sobre el siglo XX a partir de parámetros nuevos y, al mismo tiempo, de proporcionar argumentos para combatir tanto el optimismo biempensante como el victimismo autocomplaciente (algo muy similar a lo que, desde esa sucursal que es la historia de las ideas, y con esmerada lucidez, se empeña en hacer Tzvetan Todorov).

He querido hacer de esto tan solo un aperitivo, pero espero cumplir la siguiente amenaza: escribir tres artículos diferentes desmenuzando lo mejor de cada uno de las tres obras aludidas aquí. Mientras llegan los artículos, qué mejor despedida que acabar citando la reivindicación de la profesión de historiador con la que Judt concluye su necesario Ensayo sobre la casa de los muertos: “A diferencia de la memoria, que se confirma y se refuerza a sí misma, la historia incita el desencanto con el mundo. En gran medida, lo que puede ofrecer es desalentador, incluso perturbador, razón por la cual no siempre resulta políticamente prudente esgrimir el pasado como arma arrojadiza con la que golpear y amonestar a un pueblo por sus pecados pasados”.

Asimilado Rojo.

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One response to this post.

  1. […] inquebrantables. El último libro de Tony Judt publicado en español –nunca una muerte prematura nos ha proporcionado momentos librescos tan gozosos– es un homenaje a una terna de intelectuales que “vivieron a contracorriente de épocas de […]

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