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Rompiendo Españas

Es curioso, España ha sobrevivido a los últimos Austrias y sus validos, a una gran guerra europea por la sucesión de su trono (tan traída últimamente con el tricentenario famoso), a los cambios borbónicos, a la conquista napoleónica, al desgarro de la independencia americana, al desastre de Fernando VII (el deseado…), a su hija Isabel, a las guerras Carlistas por la subida al trono de Isabel y sus sucesores, al turnismo entre Cánovas y Sagasta (y sus diádocos), a todos los alzamientos militares del s. XIX, al desastre del 98, a Primo de Rivera, A la II República (de la I no merece la pena hablar mucho), a una cruenta Guerra Civil y la posterior dictadura y represión, a una tensa transición hacia la democracia y cuando parecía que todo tenía que ser paz y felicidad, puesto que gozamos de unas instituciones y unos derechos democráticos (por lo menos formalmente), es cuando parece que España no vaya a pasar de este invierno, si es que llega.

Parece que los últimos dos gobiernos (para repartir por igual y no se me queje nadie), se han empeñado en demostrar que son los gobernantes más incompetentes que ha tenido nuestra longeva historia. ¿Se habrán propuesto superar todos los acontecimientos y gobernantes que he mencionado antes y que hicieron tambalear a España? La estrechez de miras y el continuo electoralismo y cortoplacismo del que hacen gala los gobiernos, quizá acabe siendo más trágico para el futuro de España (territorialmente tal y como es ahora mismo) que otras épocas sin libertad y gobernada por reyes o tiranos. ¿Será la democracia la que acabe dando la estocada a este Estado, con todo lo que le ha costado al mismo alcanzarla? La verdad, no creo que debiera ser así, pero parece que se están empeñando, tanto unos como otros, en conseguirlo. Están metidos en un callejón sin salida y caminan directos al muro, sin darse cuenta que lo más fácil y lógico es darse la vuelta, salir de nuevo a la calle principal e intentar tomar otra calle que tenga salida.

No voy a vender que tengo la solución a todo este conflicto territorial e identitario, pero a él se ha llegado por múltiples motivos y creo que pocos tienen que ver con la solución independentista que se plantea desde la aparente mayoría social catalana. También reconozco que soy un absoluto desconocedor de la realidad del lugar (que no de su historia), pero bien es verdad que cuando yo estuve en Barcelona por primera y última vez (no tendría ningún problema en volver por ahí, que quede claro) hace 7 años, todo lo que hay montado ahora ni se hablaba, ni se respiraba, ni se deseaba, ni nada que se le parezca. Lo del Estatut fue una cagada monumental por parte del gobierno central, su magnificación por parte catalana, probablemente también. Pero no nos engañemos, si no hubiera estallado la crisis económica y social que amenaza con reventar España por todos sus costados, no sólo por las reivindicaciones territoriales, no nos encontraríamos en las que estamos.

El nacionalismo light que se ha ido inoculando a la sociedad catalana a través de los medios de comunicación locales y sobre todo, a través de su sistema educativo, es el caldo de cultivo necesario para que tras una serie de acontecimientos tan graves (la grave crisis y sus recortes, el problema del Estatut) y la gestión y difusión que de los mismos se ha hecho desde las autoridades catalanas, haya hecho que la situación se encuentre en el estado que está, ya que este nacionalismo ha dejado de ser light. Hay una gran mayoría, sobre todo de la juventud, que aunque no tiene un gran sentimiento nacionalista arraigado, porque de hecho en muchos casos sus padres provienen de otras partes de España, están totalmente convencidos de que es mejor para Cataluña independizarse (por muchos motivos, aunque los principales son económicos). Pues el gobierno central, en vez de hacer pedagogía, acercarse a todo el pueblo catalán, que también gobiernan para ellos aunque no lo parezca, e intentar reconducir la situación, se empeña en seguir mirando al muro.

Lo dicho antes, yo no tengo ninguna solución, no sé si es buena idea o no, si es legal o no, dejar votar a los catalanes, pero lo que sí es seguro, que sería mucho más inteligente por parte del gobierno central manejar directamente el proceso y que se haga bajo su control y supervisión, porque en parte por dejar de manejar de forma directa la educación catalana se ha llegado a esta situación. Y que tengan bien claro, que todos los españoles, no sólo los catalanes, les exigimos que lleven a buen puerto esta situación, porque lo que sí es seguro que en el País Vasco están mirando con lupa los acontecimientos, para dependiendo como se solucionen tomar un camino u otro.

Asimilado Negro

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Hasta el próximo derbi…político

¡Cuánto nos gusta en España el fútbol!

Igual lo que aquí escribo es una gilipollez o no, igual está cogido con alfileres o igual sirve de metáfora para reflexionar. Nuestra política es como el fútbol: como los seguidores del Madrid y el Barça (¡anda! ¡Qué la Liga también es bipartidista!) los de un equipo jamás apoyarán al del otro, ni en Champions League, que en teoría ambos representan a un mismo país (que Laporta no lo lea estas líneas, por favor) y ya no digamos que los de un equipo reconozcan que el equipo rival hace un fichaje correcto o juega mejor que el propio. Ni pensarlo.

Claro que en el fútbol (como divertimento y espectáculo de masas, no como deporte en sí), dejando aparte locuras y radicales varios, esa irracionalidad, ese sentimiento festivo está bien porque es un juego, una distracción, que aunque algunos digan que es “el opio del pueblo” creo que, sin exagerar ni volvernos locos (la mesura, qué bonito valor que se pierde cada día un poquito más), tiene algunos efectos terapéuticos en la masa de población que lo sigue.

Lo que me parece una locura es que esa forma sentir se traslade a la política con el patrocinio y los ánimos de políticos y periodistas. No han de olvidar nuestros señores políticos que son servidores del pueblo (lo olvidaron ya, lo sé) y que cuando ganan un cargo público representan a todos los ciudadanos y no sólo a los que piensan como ellos. Y por ello, no deben cerrarse a pactar con otros que no piensen igual, porque sí, sobretodo en cuestiones de importancia capital. Pero lo hacen, y lo con esa dialéctica de combate en el que “el otro” lo hace todo mal, porque es de derechas o de izquierdas. Así nos va. Aunque viendo que muchos de los que se llaman de todo en público y en el Congreso (cuando se dignan a ir claro) después se llevan estupendamente y se toman sus buenos vinos entre grandes risotadas, tiendo a pensar (y mira que no quiero pensarlo) que nos toman el pelo, que dividen a la gente para que el bipartidismo y la alternancia se mantenga (a nivel nacional, a nivel autonómico y a nivel local, que los partidos cambian pero las tácticas no). No se crean, aquí no se salva nadie, todos los partidos pecan de lo mismo.

Coño, ¡qué tienen razón! Que es mucho más fácil decir “nosotros somos los buenos y ellos los malos”, mantener la ficción de las dos Españas (que no era real en el año 36 y no es real hoy, hay muchas, había muchas Españas) y que el día de elecciones nadie discurra un poco antes de votar, ni lea los programas con atención (si entienden algo, claro, nuestros políticos olvidaron hace años la labor didáctica por la que todos los españoles y residentes españoles deberían entender que hacen y dejan de hacer, y para que eso ocurra tienen que explicarse con claridad y didáctica, pero esas virtudes sólo las sacan para criticar al contrario y que, eso sí, quede bien clarito) y si ganan los suyos salga con su banderola a celebrarlo a Ferraz o Génova, a Cibeles o a Canaletas. Y a vivir felices.

He dudado en acabar aquí el post, pero no lo voy a hacer. No quiero parecer uno de esos pajarracos políticos de mal agüero que pululan por el hábitat mediático criticando y maldiciendo sin aportar soluciones. Me gustaría hacer una llamada al raciocinio que empiece por nosotros, los votantes y que tiene que ver mucho con lo que hablaba Rojo sobre los expertos y el periodismo: pensemos por nosotros mismos. Que no digamos somos del PSOE o del PP, o de quien sea y eso sea carta blanca para dichos partidos para hacer lo que les dé la real gana. Que, sin olvidar las ideas de cada uno, podamos criticar a los que somos más afines y alabar, cuando se merezca, a los menos afines. Que no haya que comulgar con ruedas de molino con todo lo que diga un partido porque soy de tal ideología o no, porque en nuestro país mucho me temo que las formaciones existentes engloban muchas tendencias y no representan con justicia los ideales que afirman defender. Y esto me lleva a que sería mucho mejor no tener un sistema tan descaradamente bipartidista, que para empezar del PSOE o el PP se podrían sacar dos o tres formaciones de ideas diferentes y podríamos los votantes encontrar más matices a la hora de votar, y que por no comulgar con algo de un partido mayoritario, podríamos cambiar nuestro voto sin sentir que nos pasamos al otro extremo. Que se dejen de fundamentalismos baratos, de sentimentalismos de saldo y esquina para encabronar al personal y comiencen a pensar en cómo sacar adelante proyectos de futuro, en cómo ganar el prestigio y la credibilidad que la clase política necesita y está perdiendo a toda velocidad.

Que pensemos, que discurramos sobre lo que se hace bien o lo que no. Que nuestros políticos hagan lo mismo y pacten cuando sea necesario, que viendo nuestra economía y nuestra educación es muy, pero que muy necesario. Que tengamos una actitud crítica y luchadora por madurar el sistema político que nos tiene que servir y no al revés. Que lo hagamos o que sigamos cogiendo las banderas para celebrar títulos en los que no pintamos nada.

Me quedé a gusto, ¿se nota? Ahora os toca a vosotros, reflexionad, criticad en los comentarios y a ver si discurriendo todos un poco sacamos algo positivo.

Asimilado Azul